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lunes, 6 de junio de 2016

Recuerdo

     Fuertes zumbidos daban vueltas al rededor de mi mente. Llenándome de tristeza y llenándome la cabeza de pensamientos que no existían antes en mi vida ni en mí ser.
     A veces me ponían a actuar de una manera incorrecta. Sabía que estaba mal, pero no podía parar. A veces me hacían sentir triste, pero no les importaba disculparse ni nada por el estilo. A veces se iban por un tiempo dejándome en la soledad. Pero luego volvían, buscando una información que no tenía. Se enojaban cada vez que no le era útil. Muchas veces me pregunte porque. Pero nunca me atreví a preguntarles la razón por la cual actuaban de esa manera hacia mí.
     Eran muchas las veces en las cuales esas voces me echaban la culpa de cosas que no hice. Me pedían hacerles favores que seguramente eran hasta en contra de la ley. Hubo veces que quise parar de escuchar a esas voces. Pero cada vez que trataba de alejarme, las voces se volvían más fuertes y me lastimaban.
     Hubo muchos momentos en los cuales pensaba en callar esas voces al cortarme. Pero me ponía a pensar que tal vez eso era más doloroso que escucharlos. Hubo muchas veces que quise acabar con mi vida con tal de nunca escucharía esas voces de nuevo. Pero me daba miedo, sin escuchar esas voces no podré estar en contacto con las personas en el mundo.
     Tuve muchos pensamientos que estuvieron por años rondando en mi cabeza sin salir. Hasta que por fin, un día, se callaron y se fueron. Al principio me preocupé, pensé que había pasado un terrible acontecimiento. Pero cuando vi que me sentía feliz cada vez que me recordaba a mí misma que ya no tenía que escuchar esas voces, vi que esto era un gran regalo. De repente, una luz apareció frente a mí. Era una luz tan brillante que tapaba mi visión por completo. Me empezó a hablar, me dijo unas simples palabras que nunca podre olvidar ni nunca podrán escapar de mi mente. “No es la culpa de nadie que no puedas ver, ni la culpa de nadie que tengas que oír”.

     Momentos después, veía todo a mí alrededor. Pero, no podía recordar como escuchar. Solo recordaba esa voz que me habló por última vez antes de quedarme sin la capacidad de escuchar ni oír de nuevo.

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