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lunes, 6 de junio de 2016

Un cambio por el tiempo

     Cuando era pequeña, veía a esta niña, tan perfecta y hermosa como una Orquídea. Sus ojos eran verde limón, su rostro redondo y liso, con un cuerpo pequeño pero equilibrado. Comparándola conmigo, ella era hermosísima. Pues yo era tan chata e imperfecta. Mis ojos eran marrones oscuros, mi rostro era como una bola de baloncesto y mi cuerpo no estaba tan lejos de eso.
     Crecí viendo a esta niña tan perfecta al lado mío. Siendo sensible, cariñosa, cuidadosa, respetuosa y alegre. Mientras yo era una amargada, seria, irrespetuosa e irresponsable. Todo lo opuesto a esa niñita perfecta.
     Pero, yo sabía algo que todos no saben: ella odia. No saben todas las cosas que ella dice. Dice cuanto odia a la gente, cuanto le disgusta que la llamen lindura. Yo no he insultado u odiado a alguien como ella odia e insulta a todo el que le pasa por al frente.
     Me quedé sin palabras cuando la escuché por primera vez, a esa niñita perfecta, insultar a alguien. No pude entender la necesidad que tuvo para tener que insultar a esa persona. Y a mí me va como la mala, claro, porque no escondo lo que es verdad. Las digo en a cara la verdad. Pero ella, no. Se pasa insultando a rey mundo todo el tiempo. Haciendo chismes y mentiras de la gente.
     ¿Y a quién culpan? Pues a mí,  ¡¿quién más?! Si la niñita perfecta nunca hace nada.
     Así, ha sido toda mi vida. Comparándome y culpándome con esa niñita perfecta. Tristemente no puedo hacer nada. ¿Quién me va a creer? ¿Quién va a protegerme? Nadie. Estoy sola, sola y sin remedio.
  
     Desde que era pequeña, era la niña más perfecta. Con mis ojos verde limón, mi rostro redondo pero liso, con mi cuerpo pequeño pero equilibrado. Me comparaban mucho con esta niñita chata y des perfecta. Pues, tenia ojos marrones oscuros, rostro como bola de baloncesto y su cuerpo redonda como un sartén.
     Crecí viendo a esta niñita imperfecta sufriendo por mí. Pues, a mí nunca me hacían nada. Como era tan perfecta, ¿qué errores verían en mi? Tristemente a ella la culpaban de todo. Siendo ella culpable o no.
     Pero, ¿saben qué? Ella es tan delicada y limpia que creo que sobrepasa mi belleza física. Pues sus pensamientos son tan ingenuos que dan pena. Tan sola y si  nadie a quien acudir.
  
     A veces cansa que te regañen por cosas que no haces. No los culpo, ¿cómo van a regañar a alguien que se ve como un angelito? Pero a mí, que me veo como una bola, me cogen y me tiran regaño tras regaño. En vez de estar regañándome deberían estar pendientes a la niñita perfecta. Todas las maldades que hace y todas las cosas horribles que dice.
     Pero no, prefieren vigilarme a mí que a esa niñita perfecta. No entiendo la diferencia. ¿Por qué ella no la regañan si es tan mala? ¿Será por su físico? Lo que sé es que, un día, la van a encontrar actuando como ella y se van a dar cuenta que hay debajo de esa carita de niña buena y perfecta hay maldad.

     Hay veces que por poco encuentran las pequeñas maldades que hago. Pero, nunca me culpan, culpan a la niñita chata. Siempre. Es algo un poco gracioso y patético. Al ver mi carita de niña buena no pueden culparme de nada. Pero les diré algo…siento un poco de enojo. Por más que la culpan no enseña en su carita chata tristeza ni enojo. ¿Por qué no? Si la culpan de algo que no hizo… ¿Cómo lo hace?

     Les diré una verdad, no creo que encuentren quien soy en verdad. Ni encuentren como es de verdad la niña perfecta. Son muy ignorantes para darse cuenta que hay debajo de nuestras caritas.
     Si ellos no van a hacerlo, yo voy a hacerlo. Voy a ensenarles a todos quien en verdad somos.

     Saben, aburre un poco ser la niña perfecta todo el tiempo. Debe ser interesante que se enteren que soy peor que esa pobre niñita chata.
  
     Quiero que vean como es ella, como esa cara tan linda y perfecta es de verdad. Fui donde ella, con esa carita perfecta. Cogiéndole por el pelo le hale la piel fuera de su cuerpo. Dejando ver su alma negra y perversa.

     Cuando me vi, fuera de mi cuerpo, grité con enojo. Me confundí… ¿Quién era ahora? Con el enojo encima, que ponían mis ojos rojos, cogí la piel de la niña chata y le hale la piel fuera de su cuerpo… Dejando ver esa alma blanca como la nieve…llena de paz y amabilidad como una madre. Me quedé sin palabras, era algo que no esperaba. Aunque lo sabía, nunca pensé que en verdad pudiera ser más bella que yo.


     Al dejar ver como somos, escogimos ser una persona por primera vez en la vida. Dejando ver quien somos en verdad: una niña con ojos marrones oscuros, una cara chata pero con cuerpo pequeño pero equilibrado, con un alma blanca y perversa. Llamándonos Joven.

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